Las cucarachas se desplazan con frecuencia entre fuentes de alimento y zonas contaminadas y, por tanto, pueden transportar microorganismos patógenos que pueden contribuir a intoxicaciones alimentarias y otras enfermedades. Muchas personas también presentan reacciones alérgicas a las secreciones, excrementos y pieles desprendidas de las cucarachas. Los alérgenos de cucaracha pueden causar congestión nasal, estornudos y lagrimeo y, en casos más graves, contribuir a asma leve o severa. El asma relacionada con cucarachas es especialmente frecuente entre niños que viven en zonas densamente pobladas donde las infestaciones pueden ser extensas.
Cómo reconocer las cucarachas y sus signos
Las cucarachas son insectos planos y parduzcos con antenas largas y movimientos muy rápidos. Se observan con mayor frecuencia por la noche, cuando salen de sus escondites en busca de alimento y agua. Al encender una luz suelen retirarse rápidamente hacia grietas, debajo de muebles u otras zonas ocultas.
Las cucarachas presentan metamorfosis incompleta. De los huevos nacen ninfas que se parecen a los adultos, aunque sus alas aún no están completamente desarrolladas. A medida que crecen mudan varias veces antes de alcanzar la fase adulta.
Las cucarachas se reproducen con extrema rapidez. Las hembras depositan ootecas en lugares ocultos y protegidos. Según la especie, cada ooteca puede contener entre 15 y 40 ninfas. La cucaracha alemana es una de las especies más extendidas y persistentes, y una sola hembra puede contribuir indirectamente a varios miles de descendientes en menos de un año.
Uno de los primeros signos de actividad de cucarachas son sus excrementos, que se parecen a finos granos de pimienta molida o semillas de amapola. Suelen encontrarse a lo largo de las rutas de desplazamiento, cerca de escondites o en zonas donde las cucarachas permanecen durante más tiempo.